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qué decirte, no esperaba más
pero tampoco eso, terminar como un loco.
que parezca que las cosas se caen, y no se caigan.
terminar como un loco con un mundo aparte.
eso sí que es difícil, nadie lo espera
y sin embargo un día las cosas
se dirigen a otro sitio peor que este.
no hay verdad, mentira, referencias
no hay amor. no esperaba más,
pero tampoco esto.
Pienso en ti son las doce
en la mesa una jarra que se ha roto en pedazos
es de noche, estoy sola
y los vidrios del piso derramado se hunden
en mis pies que están tibios porque vengo de verte.
Pienso en ti en el reloj
que hace tres días marca las doce menos cuarto
tres o siete o un año
qué más da, si estás muerto, mi amor
y yo, dormida
en tu cama soñando con pedazos de vidrio.
anotá este poema. no vuelvas
no quiero más el ritual viejo de jugar
a la pasión estéril
a la verdad incomprensible de llevarte
como un espejo roto repartido en el cuerpo.

Un día el amor fue otra cosa
andabas por las calles, no había rastro de mí
apenas si mirabas las flores
amabas a otras
y te sentías bien con ello por ser tú
el hombre más libre del mundo.
Andabas por las calles, entonces
vivías
una vida distinta
hacías filas en todos los lugares
pedías cuentas que pagabas estirando la mano
disfrutabas del ruido de las hojas al pisarlas
me pregunto cuánto importan
los paisajes, los días largos
si al final llegarías
anunciado por nadie
como un diálogo antiguo, silencioso,
hasta mi cuello.

Si pudieran no hablar más conmigo sobre eso

Si pudieran no hablar más conmigo sobre eso, irse de a poco olvidarse o pensar en un alambre atravesado hasta el fondo o en un par de niños tristes que no han vuelto a su casa
si tuvieran un círculo para saltar dentro y romper un lenguaje que ya no dice nada
si al final no hay un hombre no hay un nido de espejos o una pared sin puertas para vigilar las casas
si en el patio de al lado no hay
una mujer desnuda
un perro suelto un árbol
una pequeña silla dada vuelta sobre el pasto
si supieran hasta dónde yo amo amo amo
como una rosa abierta que no sabe arrepentirse
como un pájaro a otro pájaro en un vuelo sin reglas
como el recuerdo de un sueño intransitable y largo
yo lo haría, estoy segura, si sirviera de algo 
no hablar más sobre eso, dejarlo pasar y listo
y jugar cada juego desde un tiempo profundo
intransferible, fácil
autojustificado.
La verdad no es una sola, ni es un golpe de gracia. No tiene un rasgo de caricia, no estará allí para nosotros ni nos sirve. Si me pedís la verdad, no sé cuál darte. No lo pensé todavía y tampoco lo habré pensado entonces, porque no sé cómo es vivir de la verdad ni he de volcarme hacia sus manos de bronce. No soy un hombre ni un perro, no sé soñar sostenidamente que vayan a cambiar mucho las cosas. No tengo nada para darte, no tengo amor. No tengo piernas ni un vestido para usarlas. No sé bailar cuando me piden. Si me preguntan, tengo un tiempo equivocado. No sé decir que no, y no me parece necesario. No sé explicarte, ni si querrás que te explique cómo me hiciste acordar al aire libre. 

La noche del vendedor de jazmines


Hubieras empezado por ahí, y todo esto no sería necesario. Sabés que me pasé la noche diciendo esto es lo mío, mirar los árboles, escuchar a Mery decir algo sobre la botella que tiene en las manos, o verlo venir al florista con un ramo de jazmines y decirle son jazmines esos, y que él diga: ella dice "son jazmines esos", y se ría y se acerque a nosotras y tire el ramo de jazmines por el aire diciendo "claro que son jazmines, ahora elijan el que más les guste, le regalo uno a cada una pero déjenme darles un consejo" y saber que eso es la justicia, lo que estamos esperando, la obra, la película manifestándose hacia todos los rincones de la plaza, el sufrimiento ajeno el miedo que me causaste, les voy a dar un consejo sobre las flores, dijo él, y siguió diciendo "si quieren una flor, quiéranla, y en el amor vale lo mismo que en los jazmines" y yo entendí "arránquenla" y ahí él se fue repitiendo "son jazmines esos, dice ella" y se dobló al reírse al desaparecer tras doblar la esquina, tras bordear la plaza, tras decir "luchen" porque era eso lo único que nos pedía. Nos regaló los jazmines por todos los hombres, por todas las bestias, por la desidia y la negligencia masculina como pidiendo perdón, yo también sé amar, yo también sé decir las cosas del alba.
Pienso en ti
estarás durmiendo
estarás muy quieto
habrás dejado de quererme.
Pensarás, eventualmente
que yo también seré otra
y que avanzar es eso, entender dos cosas:
la primera, que no se puede volver. Y la segunda,
que volver siempre es lo justo. Lo necesario.
Hay acaso un manto, amor
una noche tan oscura
para saber lo impensable, por qué suceden las cosas
por qué es amargo vivir en lo despacio
pensando dónde hay un hombre para acercarte
con las palabras usuales
en un lugar donde soy, como si no lo supieras,
irreversiblemente tuya.
A todos nos resulta patético, a todos nos resulta una pérdida de tiempo
a todos nos llueve en la baldosa del patio
pero especialmente a los hombres
porque los hombres tienen diez metros de tela para el juicio
o porque todo es importante para ellos y por eso un vago anhelo los perdona.
Si pudiera decir casa
si pudiera decir gente
mundo
trayectoria
si pudiera dar las gracias
detener los relojes
o decir tengo frío
si pudiera despertarme de este sueño y decirte
que no estoy tan cansada
ni tan vieja
que no estoy
agotada en absoluto.
Cuando el círculo se corta y me desviste tu mano
y siento rabia y calor en un deseo redondo
cuando sos bueno y no guardás
nuestra verdad en un sobre
por más que todo se parta
por más que no exista un día para nombrarte
cuando matás todo en mi alma excepto a ti
sos tan injusto.
Nuestro juego no es más que un placer, una grieta
una victoria, un culto
un bienestar violento
un azulejo mal puesto rodeado de hormigas rojas.
Nuestro placer es un martes
es un jugo de naranja
es un golpe, una carta
o un ensayo arriesgado.
Y nuestro juego es un parque, un animal, un viento
una quietud estoica, una ventana de noche
es un circuito redondo e impreciso, y es tan suave
que se mueve como el filo de un diamante sobre un disco.


Tal vez fui tuya una noche
dijiste mi nombre
tenías dos manos
rompiste mis piernas.
Esto es todo lo que tengo para darte,
lo demás lo vendí
quería estar sola.
él mira el árbol mira el árbol, el árbol del medio del patio el naranjo doloroso en cuyo centro se levanta una larga rama de espinas, mira el árbol detenido como si no hubiera espacio como si fuera la forma del árbol y no el árbol lo que mira y aún no entiende no entiende que yo tengo que referirme a ti, a ti, a ti como a una piel cercana en un parque de naranjos, como a una mano rota sin matiz ni conciencia, pero no entiende, y me descubre a duras penas a través de la ventana, y me convierte en un ruido en un papel arrugado y me saluda con un gesto inexplicable, casi injusto, al que no correspondo, al que no pertenezco, al que encierro en mi mente como un nido de avispas, al que vuelvo cada tanto pidiendo disculpas, agachada, consciente, sigilosa, rendida
si para ti es un arte
y para mí es un juego
donde mi mano va hacia allí donde la mesa termina
si nos rodean guirnaldas
y para ti es una fiesta
donde la mesa es el centro del cuarto de nuestros cuerpos
y si venís hacia mí desde tus cejas primero
y me pedís que me despoje
  y me despojo
    y me das tu ayuda
si van cayendo los dados
los lápices
los papeles
si todo es sí
si todo es eso
si me dejás darle vueltas a nuestra sed para que sea mía
entonces juego
te moriste, para mí
al menos
te moriste y yo
que nunca quise quererte
que nunca supe cómo
ahora sé
que te moriste
desde la pobre mentira que ya hace tanto de mis ojos
y que creció igual que una planta desgarrada
te moriste, para mí
te moriste
cuando en el medio del patio pisé la tierra
lo supe
te moriste
y te volviste a morir y sin embargo
como la pobre enredadera cubre el muro
y reverdece su escultura para olvidarla
así mi cuerpo se olvida al volver tu abrazo
como si no hubiera muerte en el fondo
como si fuera apelable o acaso inútil saberlo,
que te moriste
te moriste
y sin embargo
entro a tu casa esa herida que late en el medio del barrio
entro en tu herida en tu cama sin ángeles
que miren por mis piernas 
cansadas, y el pájaro
que imagino sobre el árbol que aún no nace
grita pérdida