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La verdad no es una sola, ni es un golpe de gracia. No tiene un rasgo de caricia, no estará allí para nosotros ni nos sirve. Si me pedís la verdad, no sé cuál darte. No lo pensé todavía y tampoco lo habré pensado entonces, porque no sé cómo es vivir de la verdad ni he de volcarme hacia sus manos de bronce. No soy un hombre ni un perro, no sé soñar sostenidamente que vayan a cambiar mucho las cosas. No tengo nada para darte, no tengo amor. No tengo piernas ni un vestido para usarlas. No sé bailar cuando me piden. Si me preguntan, tengo un tiempo equivocado. No sé decir que no, y no me parece necesario. No sé explicarte, ni si querrás que te explique cómo me hiciste acordar al aire libre. 

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