La verdad no es una sola, ni es un golpe de gracia. No tiene un rasgo de caricia, no estará allí para nosotros ni nos sirve. Si me pedís la verdad, no sé cuál darte. No lo pensé todavía y tampoco lo habré pensado entonces, porque no sé cómo es vivir de la verdad ni he de volcarme hacia sus manos de bronce. No soy un hombre ni un perro, no sé soñar sostenidamente que vayan a cambiar mucho las cosas. No tengo nada para darte, no tengo amor. No tengo piernas ni un vestido para usarlas. No sé bailar cuando me piden. Si me preguntan, tengo un tiempo equivocado. No sé decir que no, y no me parece necesario. No sé explicarte, ni si querrás que te explique cómo me hiciste acordar al aire libre.
Páginas
La noche del vendedor de jazmines
Hubieras empezado por ahí, y todo esto no sería necesario. Sabés que me pasé la noche diciendo esto es lo mío, mirar los árboles, escuchar a Mery decir algo sobre la botella que tiene en las manos, o verlo venir al florista con un ramo de jazmines y decirle son jazmines esos, y que él diga: ella dice "son jazmines esos", y se ría y se acerque a nosotras y tire el ramo de jazmines por el aire diciendo "claro que son jazmines, ahora elijan el que más les guste, le regalo uno a cada una pero déjenme darles un consejo" y saber que eso es la justicia, lo que estamos esperando, la obra, la película manifestándose hacia todos los rincones de la plaza, el sufrimiento ajeno el miedo que me causaste, les voy a dar un consejo sobre las flores, dijo él, y siguió diciendo "si quieren una flor, quiéranla, y en el amor vale lo mismo que en los jazmines" y yo entendí "arránquenla" y ahí él se fue repitiendo "son jazmines esos, dice ella" y se dobló al reírse al desaparecer tras doblar la esquina, tras bordear la plaza, tras decir "luchen" porque era eso lo único que nos pedía. Nos regaló los jazmines por todos los hombres, por todas las bestias, por la desidia y la negligencia masculina como pidiendo perdón, yo también sé amar, yo también sé decir las cosas del alba.
Nuestro juego no es más que un placer, una grieta
una victoria, un culto
un bienestar violento
un azulejo mal puesto rodeado de hormigas rojas.
Nuestro placer es un martes
es un jugo de naranja
es un golpe, una carta
o un ensayo arriesgado.
Y nuestro juego es un parque, un animal, un viento
una quietud estoica, una ventana de noche
es un circuito redondo e impreciso, y es tan suave
que se mueve como el filo de un diamante sobre un disco.
una victoria, un culto
un bienestar violento
un azulejo mal puesto rodeado de hormigas rojas.
Nuestro placer es un martes
es un jugo de naranja
es un golpe, una carta
o un ensayo arriesgado.
Y nuestro juego es un parque, un animal, un viento
una quietud estoica, una ventana de noche
es un circuito redondo e impreciso, y es tan suave
que se mueve como el filo de un diamante sobre un disco.
él mira el árbol mira el árbol, el árbol del medio del patio el naranjo doloroso en cuyo centro se levanta una larga rama de espinas, mira el árbol detenido como si no hubiera espacio como si fuera la forma del árbol y no el árbol lo que mira y aún no entiende no entiende que yo tengo que referirme a ti, a ti, a ti como a una piel cercana en un parque de naranjos, como a una mano rota sin matiz ni conciencia, pero no entiende, y me descubre a duras penas a través de la ventana, y me convierte en un ruido en un papel arrugado y me saluda con un gesto inexplicable, casi injusto, al que no correspondo, al que no pertenezco, al que encierro en mi mente como un nido de avispas, al que vuelvo cada tanto pidiendo disculpas, agachada, consciente, sigilosa, rendida
si para ti es un arte
y para mí es un juego
donde mi mano va hacia allí donde la mesa termina
si nos rodean guirnaldas
y para ti es una fiesta
donde la mesa es el centro del cuarto de nuestros cuerpos
y si venís hacia mí desde tus cejas primero
y me pedís que me despoje
y me despojo
y me das tu ayuda
si van cayendo los dados
los lápices
los papeles
si todo es sí
si todo es eso
si me dejás darle vueltas a nuestra sed para que sea mía
entonces juego
y para mí es un juego
donde mi mano va hacia allí donde la mesa termina
si nos rodean guirnaldas
y para ti es una fiesta
donde la mesa es el centro del cuarto de nuestros cuerpos
y si venís hacia mí desde tus cejas primero
y me pedís que me despoje
y me despojo
y me das tu ayuda
si van cayendo los dados
los lápices
los papeles
si todo es sí
si todo es eso
si me dejás darle vueltas a nuestra sed para que sea mía
entonces juego
te
moriste, para mí
al
menos
te
moriste y yo
que
nunca quise quererte
que
nunca supe cómo
ahora
sé
que
te moriste
desde
la pobre mentira que ya hace tanto de mis ojos
y
que creció igual que una planta desgarrada
te
moriste, para mí
te
moriste
cuando
en el medio del patio pisé la tierra
lo
supe
te
moriste
y
te volviste a morir y sin embargo
como
la pobre enredadera cubre el muro
y
reverdece su escultura para olvidarla
así
mi cuerpo se olvida al volver tu abrazo
como si no hubiera muerte en el fondo
como si fuera apelable o acaso inútil saberlo,
que te moriste
te moriste
y sin embargo
como si no hubiera muerte en el fondo
como si fuera apelable o acaso inútil saberlo,
que te moriste
te moriste
y sin embargo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)